"...aquel que se agarra ciegamente a los principios del arte marcial
como la valentía y el honor, sin hacer caso a los dictámenes del
corazón, no pasará de ser un simple tontorrón con muchos años de
práctica... He pasado más de medio siglo practicando hasta la
extenuación, he llegado a dominar el arte de muchas escuelas, he vivido
este arte como guerrero, como monje, como hombre santo en las montañas,
en los ríos y entre las gentes pero... únicamente descansé un breve
tiempo, durante el comienzo de la Guerra del Pacífico, cuando me
entregué a la práctica del budismo y shintoismo, ahora después de toda
esta experiencia a lo largo de toda mi vida, sólo siento que todavía me
queda mucho por recorrer para llegar al lugar de la verdadera fe".

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